la Hoja en Blanco

23 mayo, 2012

Las cartas al Coronel. Alas blancas.

Archivado en: Las cartas al Coronel — José Armando Alonso Arenas @ 2:03 am
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Para las personas que me ponen de buenas aun en finales  : D

 

Pieles que rozan el color del aire
debajo de las lámparas a cielo abierto en medio día.
El sol no existe donde no se guarda
de mantenerse a flote en el mar de arriba.
Y se ahoga.
Por eso los peces simétricos a los del sótano del horizonte como monaguillo
cooperaron para comprar nuevos focos.
El fideicomiso de los peces blancos
para comprarlos blancos
ahora que el sol ha muerto.
Que ahorran dinero, electricidad, oxígeno disuelto
y tonos
como el azul lejanía por su monocromía,
para que pueda respirarse por kilómetros y meses de distancia a pie y a gusto.
Los focos blancos en el mar de arriba que adquirieron los peces blancos
ahorran los colores.
Por eso tienen para darle alguno al aire
que desde entonces está tan animado.
Nos sonríe.
Nos sonríe a las pieles que rozan su camisa en mero estreno en la primera fiesta.
Y baila como el viento de la noche que gira en cielo y canta,
sin ser lo único que gira.
Las olas se dan cuenta, al llegar a los camastros olvidados
de los que antes se secaban como el saludo a la bandera,
que la arena de la playa es el desierto,
y se regresan a buscar el color del agua en otra parte,
mas lo ha llevado el aire.
¿Puesto?, le dijeron, como al pie contento a la salida de una zapatería.
La única parte azul que queda en las pieles de las ondas de agua
es su panza de perro girado boca arriba en busca de más muestras de cariño.
De cariño.
Como el que tienen entre sí los peces blancos,
que nos dan sombra,
y hacen fideicomisos
y comparten las luces de sus focos.

 

23 de mayo de 2012

21 mayo, 2012

Las cartas al Coronel. Defendiendo sus motivos para votar por López Obrador.

Archivado en: Las cartas al Coronel — José Armando Alonso Arenas @ 11:18 am
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Ojalá gusten opinar y difundirlo si están de acuerdo. Es importante. Participar escribiendo, compartiendo, opinando y votando es vital para nuestra vida pública. Este fue el resultado de una plática que tuve, libro en mano, con uno de mis personajes de novela favoritos. Espero lo disfruten y difundan. Nota: la difuminada línea en los señalamientos realizados a dos de los partidos políticos no es desconocimiento del autor sobre los hechos, es totalmente intencional, durante la lectura espero quede más claro desde qué perspectiva y qué valores está planteada esta similitud (y no tiene que ver con modelos económicos).

El jueves por la mañana invité al Coronel a venirse a pasar a mi casa algunos días. Lo vi en la Biblioteca Central y, a pesar de sus copiosos años y páginas y dedos amarillos llegamos caminando. La casa no está tan lejos. ¿Cómo está, Coronel?, le pregunté. Porque aunque su sobriedad y temperamento más rebelde que el mío lo hacen sentir más joven, le hablo de usted. A partir de su página siete donde empieza, después de pensar meditar sus respuestas un poco, a articular palabras, el andar de segundero viejo de sus pasos comenzó a platicarme:

El coronel destapó el tarro de café y comprobó que no había más de una cucharadita. Retiró la olla del fogón, vertió la mitad del agua en el piso de tierra, y con un cuchillo raspó el interior del tarro sobre la olla hasta cuando se desprendieron las últimas raspaduras del polvo de café revueltas con óxido de lata.

Lo miré de arriba a abajo. Y pensé que, fuera de sus páginas impresas en 1980 y firmadas más de veinte años antes, la vida del Coronel y las de varios millones de personas que habitamos un territorio que terminó llamándose México, entre suertes y ambiciones personales y de grupos en el siglo XIX,  guardan amplios parecidos. No sólo es la pobreza. Las suertes y ambiciones personales y de grupos modelando el destino del pueblo tanto en la isla donde vive en Coronel como en nuestro país siguen siendo marco institucional vigente.

Cuando le pregunté al Coronel qué era lo que pensaba hacer para sortear su situación, le entendí votar. ¡Pero Coronel!, le dije alarmado como su esposa cuando a un mes de la pelea de su gallo no tenían ya qué comer, ¡estamos todavía en mayo y eso no ocurrirá hasta julio! O peor aún, seguí argumentando, Usted vota y no le vayan a salir como con su pensión que nunca llega, o le pase como la pelea de su gallo que tampoco nunca llega, o no le vayan a pedir que asista al mitin y no le den su sándwich, o no le vaya a pasar que… <Por López Obrador>, me interrumpió confiado y muy sereno. Yo seguí leyendo en su andar de segundero de reloj que conoce el tiempo por viejo y no sólo por ser reloj la siguiente frase:

Durante cincuenta y seis años -desde cuando terminó la última guerra civil- el coronel no había hecho nada distinto de esperar.

Había ya sido tiempo de dejar de hacerlo. Pero en la calma del andar del Coronel se veía que la paciencia había madurado no sólo a su candidato, sino a un elector que no ve en la violencia ni en las armas el arma que le da el voto. Y un hombre de paz en quién depositarlo.

No tenía gran tiempo que los tiempos habían asomado diferentes. Hacía algunos meses, por ejemplo, el hijo del Coronel había sido ejecutado de manera más violenta en el palenque, sin estar relacionado con el tráfico de drogas. Desde luego, ninguna pensión de nadie, tampoco una disculpa. Igual que los manifestantes golpeados en Córdoba por porros de presunta filiación priísta (a quienes Peña Nieto en su conferencia de prensa al peor estilo de Pol Pot en Campeche defendió ignominiosamente) el hijo del Coronel se metió en política más que lo que a algunos convenía. Lo atacaron. Desde entonces la desprotección del Coronel y de su esposa es fundamentalmente total. ¿Por qué no se viene a vivir al Distrito Federal?, le consulté. Recibirían el apoyo mensual de actualmente 897 pesos que hace algunos años instauró López Obrador, cabilé. Evidentemente él lo sabía. Continuó con una sonrisa su paso de segundero viejo sobre el camellón, andando por mi izquierda. A ninguno de los dos nos pegó la sombra.

Peores cosas le habían pegado en la vida. La guerra civil de años atrás no sólo había dejado entre las tropas de nuestro coronel, ni de las de Aureliano Buendía, muchas mejores cosas que gente esperando promesas y pensiones; sino gente esperando a gente que, de pronto, cualquier día, ya no volvió. Pero, y el Coronel lo sabía, la violencia no se apaga únicamente con más violencia. Otros, al parecer, no.

Josefina Vázquez Mota, candidata del Partido Acción Nacional a la presidencia de la República, pasó cinco años al frente de la Sedesol y tres más en la Secretaría de Educación Pública. No obstante, durante el debate presidencial pasado sonrió a media estupidez, franca y llana estupidez, de que la mejor manera de abordar la descomposición social (llámese violencia, llámese delincuencia organizada, llámese como se quiera) es una policía con disciplina militar bajo su mando que pueda irrumpir en los estados. ¿Qué entiende esta mujer de desarrollo social y de educación, o de federalismo, entonces?

Enrique Peña Nieto, por su parte, como le comentaba al Coronel, asumió “personalmente” frente a un auditorio que sí alcanza a comprender, y a profundidad, sobre derechos y dignidad humanas, toda la responsabilidad sobre hechos denigrantes ejercidos contra sus propios gobernados, sus mismos electores, en Atenco:

Reitero: fue una acción determinada personalmente, que asumo personalmente, para reestablecer el orden y la paz en el legítimo derecho que tiene el Estado Mexicano de hacer uso de la fuerza pública como, además, debo decirlo, fue validado por la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Caben ahí varios cuestionamientos, le dije al Coronel, y él estuvo de acuerdo:

1. ¿La acción reestableció el orden y la paz? ¿O por medio de la represión y el miedo logró una paz aparente en la que nadie se siente tranquilo? Que no es lo mismo, sino algo mucho más amargo. El Coronel me platicó del ruin de su compadre Sabas.

-Es para endulzar el café -le explicó-. Es azúcar, pero sin azúcar.
-Por supuesto -dijo el coronel, la saliva impregnada de una dulzura triste-. Es algo así como repicar pero sin campanas.
2. ¿Quién es el Estado Mexicano que tiene tanto derecho de emprender acciones que “produjo dos muertos, decenas de heridos y violaciones masivas” por encima de los derechos de quienes forman parte del este Estado? ¿Peña Nieto es el Estado Mexicano? “¿El Estado soy yo?”, al estilo totalitario de las monarquías europeas que se mandaban retratar en sus columpios por pintores rococó y que salen en 37 publirreportajes en revistas de Editorial Televisa por un monto de 10 millones 781 mil 40 pesos (un promedio de 291,379.49 millones de pesos cada uno, equivalente a 4,932 días de salario mínimo en la mayoría de los municipios del Estado de México, o trece años y medio).
3. ¿Por qué Peña Nieto miente? Va a la Ibero. Dice que la Suprema Corte de Justicia de la Nación avaló lo hecho por él, cuando lo reprobó ampliamente “por amplias violaciones a los derechos humanos”. Engañar a personas desinformadas o con limitado acceso a la educación es inmoral, pero intentarlo con quienes sí están enterados es total ineptitud.
4. ¿Cómo está seguro de que por medio del control de los medios de comunicación logrará engañar a millones y millones de personas? El Coronel, o quizá fui yo, dijo que es por el mismo motivo por el que creyó fácil engañar gente informada. Sabemos quién controla los medios. Veremos quiénes liberan su voz en la calles.

El nuevo PRI es el de Díaz Ordaz. El control de medios de comunicación es el de Díaz Ordaz (o de los peores tiranos que ha dado el mundo). ¿Queremos refrendar primeros lugares vergonzosos, como ser el país más peligroso para ejercer el periodismo, dándole nuestro voto un partido cuya procuraduría estatal en Veracruz decide, no investiga, sino decide que fue un robo el asesinato de la periodista que había dedicado sus últimas investigaciones a los 25 millones en efectivo de comprometido origen decomisados, en un vuelo privado que llegaba a Toluca, al gobierno veracruzano? El Coronel dice que no.

Mientras que al PAN, por su parte, sin minimizar sus logros en macroeconomía y empleo, ha dejado totalmente de lado el desarrollo humano, espiritual y comunitario que se reflejan en el bienestar y equilibrio de una sociedad, rica o no, pero al cabo sociedad. Poco a poco ya no existe, o cada vez de sociedad tenemos menos. Buscar los jóvenes las oportunidades en el crimen organizado no es sino evidencia, y de la más fuerte, de que no se sienten socios de este Estado que dirige el partido actualmente en el poder, y que postula a Vázquez Mota. Entender el desarrollo social como un piso de concreto y una caravana de hombres armados transitando frente a tu casa es no entender el problema. Entender el problema de la educación como uno generado por cierta líder sindical que quién sabe quién metió a la casa, es no entender de educación. Al respecto el Coronel me contó de un gobierno parecido donde él vive:

-¿A dónde van con ese muerto?

El coronel levantó la vista. Vio al alcalde en el balcón del cuartel en una actitud discursiva…

-¿Entonces? -preguntó don Sabas.

-Entonces nada -respondió el coronel-. Que el entierro no puede pasar frente al cuartel de policía.

-Se me había olvidado -exclamó don Sabas-. Siempre se me olvida que estamos en estado de sitio.

-Pero esto no es una insurrección -dijo el coronel-. Es un pobre músico muerto.

Justo en esas habladurías de su compadre Sabas (que tampoco entiende los problemas) estábamos, cuando lo interrumpí para preguntarle por López Obrador; ese hombre que, bien que mal acusado de reaccionario y pleitero, me dijo, no alzó en armas a nadie en 2006, no coleccionó muertos por seis años, no mandó porros a golpear a quienes se manifestaron en contra del secuestro hacia el final de su mandato ni tuvo perversos compromisos con líderes sindicales ni televisoras. Le pregunté al Coronel qué opinaba de los otros candidatos y de lo que yo le había dicho. Volvimos al tal Sabas.

-Es para endulzar el café -le explicó-. Es azúcar, pero sin azúcar.
-Por supuesto -dijo el coronel, la saliva impregnada de una dulzura triste-. Es algo así como repicar pero sin campanas.
Poco antes de llegar a casa nos encontramos con el médico, amigo del Coronel mi amigo.
-El único animal que se alimenta de carne humana es don Sabas -dijo el médico.
Las nubes en el cielo empezaron a arrojar monedas a la pobreza de los áridos campos mexicanos y los jardines públicos por largo  rato. Pasaron varios días. El primero de julio. Si el Coronel (que ha visto hacia el futuro) ve verdad, para ese día el cielo no escampó.

17 mayo, 2012

Aviéntame

Archivado en: Momentos expuestos — elysvm @ 3:02 pm

Acompáñame hasta el final de los tiempos.
Llévame a un abismo y aviéntame, y aviéntate.
Vive conmigo en el olvido, en el horizonte de sucesos, en el ojo del huracán.
No me sueltes más, no me sueltes nunca.
Abrázame antes de dormir, abrázame al despertar, abrázame a medio examen de biología.
Abrázame hasta que truenes mis huesos,
hasta que tengas que dejarme hundir con el Titanic…,
y entonces aférrate a la puerta, al recuerdo de mis ojos y a la forma de mis manos.

Abraza las almohadas e imagina que soy yo, pues soy yo.

Grábate mi tono, mis carcajadas y canturreos.
Memoriza mis gemidos, estornudos y suspiros.
Deja que tus manos lentamente reconozcan mi cuerpo, mi cadera, mis piernas.
Que la yema de tus dedos marque el camino de mi cara, la forma de mi cuello, la boca de mi espalda.

Déjame ser tuya.
Inhálame.
Mi fragancia en tus narices, mi esencia en tu boca,
mi corazón en tus manos, mi alma en tu sentir.

Déjame sentirme tu juguete.
Déjame perderme en ti, déjame ser feliz.
Guíame hasta las vías del tren y no te alejes hasta que solo queden mis huellas.
Llévame a un mazo y espera que vuelva a ti.
Espérame.
Espera.

Grítame mis verdades y créeme las mentiras.
Olvida todo lo que hemos vivido y volvamos a empezar.

Sígueme hasta mi funeral, mas no derrames una lágrima.
Llórame con películas mudas y con canciones de jazz.
Escúchame cuando te hablo, que mis palabras se las lleva el viento y no volverán,
y no volveré, no más.

No me dejes escapar.
Amárrame a la ventana, a la puerta, a la televisión.
Muéstrame las vías alternas y luego no me dejes elegir.

Quiéreme como te quiero.
Quiéreme hasta el final.
Hasta el final.

Mira como la nada se acerca,
observa como todo se lo come la inmensidad.
La oscura inmensidad, la nada, mi todo.
No dejes que te suelte.
Tengo miedo de ahogarme… del iceberg.

Tengo miedo que mis sentimientos sean demasiado para mi.

Corre a mi lado.
Písame los talones.
No me dejes escapar.

Voy a huir de ti,
voy a perderme.
Jugaremos a las escondidillas y no me volverlas a encontrar.

Piérdete conmigo.
No volteemos nunca atras.

Acompáñame hasta el final de los tiempos.
Llévame a un abismo.
El abismo de tu ausencia, de mi vida en soledad.
Aviéntame…, estar sola contigo es la soledad al cuadrado.
Aviéntame.

Es lo menos cruel que puedes hacer.

Olvídame tan rápido como me reconociste.
Olvídame y no me pienses jamás.

Aviéntame.
Ahógame.
Córtame.
Mátame.

No importa cómo lo hagas, el resultado será igual.

Ordéname quedarme a tu lado,
golpéame hasta que obedezca.

Déjame estar junto a ti, en perfecta soledad.

Ahórrate los reproches y observa al buitre devorarme.
Cállate y no me mires nunca más.

8 mayo, 2012

Las cartas al Coronel. La doble vida (parte final).

La delgada capa negra que cubría la parte de arriba de su vientre nacía bajo su brazo. Bajo el foco y su brazo. Era una sombra delgada, morena, producto de luz blanca y ecológica. Tendría unos dieciocho años. Por las dudas, que igual y tenía menos.  Aunque tuviera más, el agua le lavaba la edad de la espalda. Llovía fuera.

Llovía fuera desde qué dejé a la señora Suárez, otra clienta, en metro Guelatao. Atravesé la ciudad por el Viaducto y llegué a la casa. <Mire, Arquitecto>, me dijo Mr. Keith la primera vez que llegué ahí, con los ojos vendados. <Si usted colabora con mi empresa, mi país le brindará un par de apoyos para establecer decentemente nuestra transnacional en el suyo, ¿qué le parece?>, me consulto.  IiaaAa estÁaAAas mi reEeiy, le respondí, y hasta entonces me retiró la venda.

Desde luego lo que vi aquella noche no fue nada como la casa de Daphne. Así le puse a la mujer de la regadera. Una joven californiana usando perfume inglés, o no a cualquiera de ambas, recordé de Perfume de Mujer, debe ser llamada Daphne.

Al principio no distinguí nada con las luces totalmente de frente. Las de la mansión de Batman. <Hey you! Alfred! Come right here!>, ordenó Keith. <I want to introduce you to…>… <Sorry. What’s your name?>, me preguntó. Se lo indiqué. <To Batman of Mexico>, le dijo.  <Eres un buen hombre. Tu país te necesita>, me aduló encaminándose con su sombrero en mano al coche. ¡Espere! ¿Cómo regreso? ¿O aquí me quedo? ¿Tengo el empleo? No hemos acordado nada… le dije desesperado olvidando mi tono de fresa exitoso para cubrir las apariencias. Las de crisis económica.  Me mostró de lejos un papel con mi firma impresa, y yo nunca lo había visto. Se levantó el sombrero el hombre, entró en un coche negro y partió.

En aquel momento me quedé solo, sólo comparable con la entrada de la casa de Daphne. Mientras la observaba, debajo de su puerta, por afuera, un papel rodando por el piso atravesó la calle, alojándose debajo de un automóvil viejo y picado. En la tristeza gris de Bosques Loma de la Luna sección LVI, su paso sonó como un segundo piso vial rajándole la garganta al fondo verde de un viaje en carretera. El arribo de la hoja, en ese valle seco con apenas vecinos, fue ruidoso, y Daphne salió en bata a ver qué había ocurrido. Metió medio cuerpo bajo el coche. Era la plana principal de la sección de espectáculos del periódico de ayer: “’Batman contra los narcos’, primer largometraje de la PGR”, decía. Y la miró. Mas no alcanzó a verme sino en la superficie del periódico, porque al abrir la puerta me trepé a su techo. Aquél era bajito. El de la mansión de Batman, en el poniente de la ciudad, atrás del Bosque de Chapultepec, era muchísimo más alto.

¡Alfred! Le grité al señor que Keith me había presentado en cuanto partió, con la mi voz más rasposa y seca. ¡Lleva mis cosas adentro! Y se quedó parado mirándome de arriba abajo. ¡Alfred! Soy tu Batman, y exijo que me obedezcas. Te ordeno que lleves adentro mis cosas, le indiqué nuevamente. Nuevamente se quedó parado. Que chingues a tu madre, concluí. Y volví a mi espalda por mi equipaje. <Usted llegó sin nada, caballero>, me indicó, permítame le muestro su nuevo guardarropa. Yo lo seguí enojado.

Los primeros días en el gimnasio fueron lo más pesado. Y sin embargo rindieron grandes frutos. Cada mañana me levantaba con la decidida convicción de ir a ayudar a los pobres. Por el día les vendía casas accesibles a su limitado ingreso. Por las noches me iba a madrear a sus vecinos. Porque eran problemáticos, porque era así la vida. Les quitaba problemas de vivienda y de vecinos a los pobres.

Alfred me indicó mi nuevo guardarropa, mis trajes, cómo salir en vehículo de Lomas y me enseñó a cambiarle el agua y el aceite al Batimóvil. <Cuidado, señor, porque cuando ande a 300 kilómetros por hora en la ciudad, si inmediatamente abre los depósitos, seguro se quema>. ¡Soy Batman!, imbécil, a mí no me pasa nada, le dije, y lo mandé a dormir sin cenar.

Pero el tráfico para ir hacia el este y el noreste de la capital, donde estaban los problemas, jamás me permitió pasar de una velocidad de treinta. <¿Batman?>, me preguntó quien estaba al otro lado de la línea telefónica. Sí, soy Batman, le dije con mi voz más rasposa y seca. <Que dice el procurador que si ya viste la batiseñal, que lleva tres horas trepado en el techo y, según tu GPS, todavía no llegas>.  Los mandé al carajo junto con el tráfico en Viaducto y el alcoholímetro. Junto con el tráfico en Viaducto.

¿Y esto tiene algo para volar?, le consulté a Alfred, consciente de que hubiera sido más prudente regresar deprisa después de mi primera misión de lanzamiento de misiles desde el Batimóvil. Con saldo de varios puestos de discos piratas destruidos en un tianguis y otro tanto de muertos; es un delito grave; la piratería; el suyo. ¿Para qué no se quitan? <No, Batman, el uso del espacio aéreo por este tipo de vehículos, y así nada más despegando en un tianguis en Chimalhuacán, no está permitido>. ¡Ah, menos mal!, respondí desorientado, mientras cuantificaba los impactos de bala que la policía municipal había atestado contra mi automóvil.

Con el tiempo me fui dando cuenta de lo separado que estábamos los ricos, o que por algún motivo deciden hacernos pasar por ricos, de los pobres. Pero yo no estaba distanciado de ellos, porque de día era su amigo el vendedor inmobiliario y de noche el limpiavecinos. Y además también era un pobre: el pobre rico que tenía que ir a fregarse la noche fregando a los otros pobres después de atravesar entera la ciudad.

Uno de esos días me visitó un amigo de un amigo de un diputado. ¡Pues!, me visitó un amigo. <Dice la exfuncionaria de educación y de desarrollo social que la solución es una policía con disciplina de superhéroe militar y equipo de última generación con poderes de superhéroe >. Me dio un apretón de manos, nos tomamos una foto y filmé con un luchador un spot para su partido. ¡Alfred!, grité, tráele su abrigo al señor. <¿No era diferente la persona que me presentaste como Alfred, Batman?>, me preguntó. No seas imbécil, todos los Alfreds que yo tengo son iguales, aseveré.

Igual que todas las casas del conjunto de Daphne o de Los Arcos Campestres del Roble de Oro. Son todas iguales. Casas y casas y casas junto a las otras, y otras, y luego otras casas más. Como la lluvia. Como la lluvia o un par de gotas de agua y agua y aguaguaguaguagua, pensé poéticamente, hasta que te enojas porque no hallas la que buscas.

Eran las dos de la mañana cuando por fin llegué al número 1,103; numerándolas todas una por una porque para ahorrar dinero a todas las hicieron idénticas y a cada una le pusieron junto a la puerta un número 7. Porque es de la buena suerte, porque así se venden mejor, porque pedir treinta mil números iguales sale 0.06% más barato que pedirlos diferentes. Por fin llegué a la casa. Un muchacho con posesión de unos gramos de coca me aguardaba dentro, según reportes de la procuraduría. Policía con disciplina de superhéroe militar, pensé, y me apreté los pantalones. Me hubiera metido por cualquier ventana, pero como hacerle hoyos a los muros prefabricados con que construyen esas casas eleva los costos, no tenían. Salvo la estrictamente necesaria del baño.  Estando todavía completamente fuera, me asomé por ella. A través de la regadera llovía agua caliente. La ventana permanecía cerrada y llovía frío fuera. Una delgada capa negra cubría la parte de arriba del vientre de una joven, Daphne, cuyo vértice de origen nacía bajo su brazo. Bajo el foco y el agua caliente y su brazo. Era una sombra delgada, morena, igual que Daphne.

En realidad se llamaba Amalia. SeñoOoor CarrascOooOh, firme aquiíIi, le dije. Si no podía comprar en Los Arcos Campestres del Roble de Oro igual terminaría vendiéndole algo. Aunque fuera en Bosques Loma de la Luna. Entregadas las llaves, el señor Carrasco, la señora de Carrasco y su hija Amalia salieron de mi oficina. Los Carrasco no tenían un hijo joven. Un varón joven. Nadie con esa descripción que hubiera comprado unos gramos de cocaína ni a quién entrar a buscar a su casa. Pero órdenes eran órdenes. Disciplina, pensé, disciplina.

Cuando llegó la ambulancia, junto con el procurador y la prensa, Amalia había muerto. <¡No mames, Batman!, ¿cómo se te ocurre aventar una granada para abrir el vidrio?>, me preguntó el procurador. Es que tenía que entrar a la casa sin ser visto, le respondí acongojado, con mi voz más seca y rasposa. Y ahí estaba ella… ahí estaba ella. <Jajajaja, te pasas, Batman>, celebró; <Además la numeración de las casas comienza del otro lado del fraccionamiento, no en éste, la casa no era en ésta, ¿qué no te avisó mi secretario?>, concluyó él. Eran las cuatro de la mañana. Un par de policías estatales enmascarados me condujeron, cada uno sujetándome fuertemente de un brazo, ante los medios. Los flashes se soltaron como la tormenta que, aunque llovió, no había humedecido tanto fuera como la lluvia sobre mojado de lo que ocurrió en la regadera de aquel baño. Después de las fotografías me subieron a la patrulla. Al llegar al ministerio público federal, ya en la ciudad, a eso de las siete (y todo por el pinche tráfico) mi foto aparecía en todas las planas de los diarios nacionales: “¡Como lo vio en la película, lo vieron en el EdoMex!”; “Batman tira rostro con los tiras y se toman fotos”, “Batman de México: más seguridad, menos pobres”.

Debido a ello me liberaron.

<Ya encontraremos otro Batman, Arquitecto. Quiero que me firmes ahora mismo tu renuncia>, me indicó el procurador cuando fuimos a desayunar, ya sin máscaras, al World Trade Center. Abajo lo esperaba un evento del partido y le urgía irse. Desde luego, yo se la concedí. <Qué bien que renunciaste, porque todavía alcanzas a ser diputado>, me propuso. Y me cerró un ojo. Y corrimos juntos hasta el elevador para bajar al evento.

19 abril, 2012

Las cartas al Coronel. La doble vida (2a parte).

Y entonces sonó el teléfono. ¿Batman?, contesté con mi voz más rasposa, seca. <¿Arquitecto?>, me interrogó el señor Carrasco, mi cliente. Oohoh, síiíi, ¿en qué puedo aiudaAarlooO?, respondí con naturalidad de fresa exitoso para cubrir las apariencias. Las de héroe y las de crisis económica. De noche, yo era Batman, el justiciero de los pobres. De día, el Arquitecto, su amigo, el vendedor inmobiliario.

Recibí al señor Carrasco en la oficina con el aromatizante en espray en la mano. Y aunque se había bañado, olía a lavandería. Mejor que no se duche, consideré; en Los Arcos Campestres del Roble de Oro no llega el agua. Con que les llegue la civilización, pensé. Al fin, pensé, la civilización.

Miré al señor Carrasco y comencé a esparcir espray por toda la oficina. Porque el cliente merece que huela boníiiíto, le comenté. Que huela bonito el cliente, corregí para mis adentros. Aquí está lo que quería veEeer, le dije. Y ahí estaban. Casas y casas y casas a escala. Como dos gotas de agua. ¡Como dos gotas de aUuUuaaaAh!, grité emocionado. Y junto otra. Y luego otra. Y después muchas más. Como la lluvia. Como la lluvia. ¡Como la iiiUviaAAAa!, dije con la voz muerta de cosquillas. O como el polvo de nieve que cae cansado, como si fueran los párpados del aire al que le llega el sueño con el frío, y baja hasta el suelo irregular creando una civilización blanca y uniforme sobre el romero inquieto. Ahí estaban, como dos gotas de agua idénticas que al bajar del cielo al suelo siembran y hacen crecer la canción de la lluvia: casas y casas y casas iguales, pequeñas e iguales, en la maqueta, y allá a medio camino hacia Pachuca, en Huehuetoca. La civilizacióOoon, le dije, la civilizacióOooon. <¡La civilización!>, dijo con una gran sonrisa el señor Carrasco, y seguramente con pinches faltas de ortografía.

Ya era tarde y comenzaba a caer la noche. Señor CarrascOoooOo… pliiiSs, me tengo que iíiir, le comenté al cliente. Porque en cuanto oscurece me transformo en Batman. Eso no le dije.

Le di aventón al metro porque ya era de noche. Porque de noche yo era el justiciero de los pobres, y él era uno. De día, en cambio, su vendedor de casas. Y el imbécil no se animaba a comprar una. Le di aventón al metro, era de noche y me quitaba el tiempo. Y a los de su pobre clase que me necesitan. Al oscurecerse yo era Batman. El nocturno caballero.

12 abril, 2012

Entre copas y canciones

Archivado en: Momentos expuestos — elysvm @ 9:48 pm

What would you do if I sang out of tune? Would you stand up and walk out on me?

No, I’d take the shotgun off the wall and shoot you.

Sabes… me he puesto ha pensar que el ser humano es en realidad un animal masoquista. Nos gusta el sufrimiento, la tortura lenta y dolorosa, el dolor.

Yo creí ser diferente. Creí que estaba en mi sano juicio, ser una persona racional, tranquila, inteligente. Y llegaste tú.

Y llegaste tú como primavera en el frío invierno a mi corazón.

Me llamaste la atención desde que te conocí. Aunque no de la misma manera en que me la llamas ahora. Simplemente algo en ti me llamaba, hacía que te quisiera conocer. Era por eso que te molestaba tanto cuando te veía sentado solo en las esquinas esperando pasar desapercibido, no ser más que una sombra, ser parte de la oscuridad.

Hello darkness my old friend. I’ve come to talk to you again.

Pero no eras tú quien se escondía en las esquinas, perdón, te estoy confundiendo con aquella imagen que me forme de ti. Tú siempre estuviste en el centro… menos en aquella ocasión que la mesa estaba ocupada y te tuviste que ir hasta el banco. Pero eso fue otro día… ese día no había sombras en mi mente.

The lunatic is in my mind. The lunatic is in my mind. There’s someone in my head that is not me.

Perdóname si divago. Ya me conoces, no me puedo concentrar. La música vive en mí, mi sangre fluye en melodías, en viejas letras de canciones olvidadas. Unas buenas, otras malas. Como las horas que pasamos juntos.

Aunque en realidad fueron más los momentos lindos, tal vez tú no sentiste el memento que yo experimenté. Seguro ni enterado estabas del sufrimiento que estar contigo me ocasionaba, para ti siempre fue verano.

El verano se terminó. El verano que pronto pasó. Ella estaba loca por mi.

Qué verdaderas letras! Qué realista canción! John Travolta siempre ha sabido expresar lo que mi corazón se niega a entender.

Pero hoy será diferente. El tercer tequila fue el secreto, aunque eso de mezclarlo con el mezcal de Chiapas no fue muy buena idea. Mi baño Frida Kahlesco se mueve de maneras inhumanas, o más bien in-habitacionales. Los baños no se deberían de mover, si se mueven ¿cómo saber dónde hay que vomitar?

Pero ¿qué te estaba diciendo? Las confesiones de borracho nunca han sido mi fuerte. En particular los lunes primeros de mes. Esos días se me hacen muy pesados. Muy mala copa de cierta forma, aunque pobrecillos, son casi tan incomprendidos como tú, o ¿era como yo?  No sé quién no entendió a quién, pero la confusión está tremenda.

Ain’t thinking ‘bout Monday, or Tuesday or Wednesday, all right. Ain’t thinkg ‘bout Thursday or Friday ‘cuz tonight’s a Saturday night.

Pero no fue en sábado… ¿o sí? La verdad es que ya no recuerdo mucho, los alcatraces del inodoro se están moviendo demasiado, están formando constelaciones; así como la que formaste tú el día que se apagaron las estrellas en el cielo. Pero las estrellas ahora brillan nuevamente. De hecho, la luna ya no se quiere apagar nunca. Diario la veo durante el día, creo que es su manera de rebelarse contra el horario de verano, siente que le resta importancia o algo por el estilo.

Cuando la luna se pone re grandota como una pelotota ahí en el callejón. Se oye el maullido de un viejo gato viudo y su lomo peludo se eriza con horror.

En mi casa también se escuchan numerosos maullidos, y eso que los gatos no son viudos, sino imagínate! Sería insoportable… más…

Pero en fin, divago nuevamente. Te estaba recordando de cuando nos conocimos, antes del fin de los tiempos, ¿lo recuerdas? De seguro ya se te olvido. Fue antes de lo importante, las noches de bacardi y whisky en las que nos llegamos a conocer hasta el punto más profundo, aunque al día siguiente no recordábamos nada de lo que habíamos discutido. Aun así, creo que fue entonces que te empecé a querer, aunque olvidaba ese cariño con la cruda del día siguiente.

Pero aguanta, te estaba hablando del masoquismo en los humanos, y no me refiero a aquellas nalgadas que uno disfruta de cuando en cuando. Me refiero al dolor, al sufrimiento, a la desesperación. Yo sé que te desespero a ratos, como ahorita que no llego al punto y no doy más que rodeos, pero… es que hay tantas cosas que te falta saber, que me falta decirte, para que por fin te puedas dar una idea…

En fin. La verdad es que ya no sé a qué quería llegar con todo esto. Quería darte una visión de mi para que vieras qué maravilla soy, pero creo que logré nada más llegar a cantinflear y matar los minutos extras en una tarde llena de tareas sin hacer. A pesar de todo, creo que lo que hice fue inútil, me conoces mejor de lo que creo, a veces siento que me conoces mejor que yo misma. Aunque no siempre estas seguro de mis razonamientos, los ves y me proteges. Me pregunto entonces por qué es que sufro cuando estoy contigo. Pero es un sufrimiento agradable, por eso te digo que soy masoquista. Me encantas y te odio por eso.

Te amo te odio, te odio te amo, hay como odio amarte.

Pero no te amo. No realmente. No te amo más de lo que amo el momento pasado que no sucedió nunca, y ese es uno de mis momentos favoritos. Mejor volvamos a lo importante, volvamos al día a día, a ignorar el daño colateral, a encerrarnos en un fragmento del futuro sabiendo que en realidad no va a suceder jamás. Soñemos con posibilidades imposibles y provoquemos cuánto dolor se pueda. Pues uno nunca se siente tan vivo como cuando sufre.

I grieve, for you. You leave me. So hard to move on. Still loving what’s gone. They say life carries on, and on and on and on. Life carries on.

Y sí, la vida sigue y sigue. La luna no se esconde nunca y quedan restos de constelaciones en mi sala. El marmol Frida Kahlesco está casi empacado en la maleta de mudanzas y mi piel se está terminando de descarapelar.  Así que mejor termino esto, sit still and enjoy the ride.

Fragmentos de canciones in order of appearance:

  • The Beatles: With a little help from my friends
  • Banda el Recodo: Y llegaste tú
  • Simon & Garfunkel: Sound of Silence
  • Pink Floyd: Brain Damage
  • Vaselina: Noches de Verano
  • Underdog Project: Saturday Night
  • Chava Flores: El gato viudo
  • Ha-Ash: Odio amarte
  • Peter Gabriel: I Grieve

29 marzo, 2012

Las cartas al Coronel. La doble vida (1a parte).

Desde que la cifra de viviendas abandonadas llegó a los dos millones, me di cuenta de que, para mantener mis trajes, lociones, automóviles, y en la medida de lo posible mi alimentación, tendría que comenzar a buscar un segundo empleo.

Mesero… puede ser… nunca he cargado nada pero le sé a la teoría de hacer equilibrio. Valet parking… pues con que me ponga guantes cuando tenga que tocar un Tsuru. Lavatrastes… pues no sé nada de losas, pero sí de lozas, que debe ser lo mismo. Mesero… ya pasé por ahí. Dibujante… Urbanista… ¿urbanista?, pensé. Está naco. Y seguí buscando opciones. Con mi clarividente mano como el color del invierno en Ámsterdam (en las fotos) y suaves como un lápiz 5B, levanté el teléfono.

<¿Fonda Mamá Verdolaga, buenas tardes?>. Pinche albur de albañil, le dije. Y le colgué al pendejo. Intenté con los siguientes anunciantes, pero no corrí con mejor suerte. Aunque los nombres eran más decentes, una vez que pasábamos a hablar de mi experiencia, los envidiosos me daban las gracias, y colgaban. Los envidiosos. Cuando llegué al final de la lista quedaban solamente dos opciones: la última y la de urbanista. Leí ambos anuncios en voz alta:

-          Se solicita urbanista. Sexo indistinto.  Edad indistinta. Para dirigir talleres de participación y gestionar recursos para la producción social de vivienda en colonias populares. Y ahí abajito venía la dirección. Como que sí se ve corriente el trabajito, pensé. Y pasé la vista al otro:

-          Empresa transnacional por expansión solicita caballero, mínimo 1.80, guapo, soltero, sin familia, atlético, que sepa hacer de todo, discreto, con disponibilidad de tiempo por las noches y para arriesgar su vida. Comunicarse a…

Regresé a mirar el primer anunció: producción social de vivienda. Bajé los ojos al segundo: guapo, que sepa hacer de todo. Volví a ver el primero, el de urbanista, el de luchador social, el de mugroso y ordinario. Con disponibilidad para arriesgar su vida, contrasté al segundo. ¡Primero muerto que corriente!, me dije convencido.

Levanté nuevamente el auricular con mis dedos esculpidos por Dalí y lo recargué en la neblina de mi patilla tratada con acondicionador para hombres. Marqué el número.

<¿Batman de México, buenas tardes?>.

Fue ahí donde cambió mi vida.

26 marzo, 2012

Las cartas al Coronel. Pájaros negros.

Archivado en: Las cartas al Coronel — José Armando Alonso Arenas @ 10:50 am
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Desde que los ministros de la Suprema Corte celebraron su tercer aniversario de ganar cuatro millones por año y, más precisamente, desde que ser condenado por crímenes ensamblados en las telenovelas que produce la PGR (desde que cambió su giro) ya no basta para revocar sentencia, se decidió hacer un recorte de personal en los tribunales mexicanos. Aquellos que, la verdad, ya no eran útiles.

<Es que se quedó cieguita>, dijeron algunos. <Es que es mujer y se pasa de sensible>, argumentaron otros. <Es que aquí no se lleva con nadie>, <Es que es demasiado impráctica>, <Es que…>, y <Es que…>, y <Es que…>.

Lo cierto es que desde que crió jueces y le sacaron los ojos, era cuestión de tiempo.

Ahora que la Justicia ha sido despedida para ahorrar una nómina ─un gasto innecesario─ al Poder Judicial, ya no hay nadie dentro que le quiera hacer justicia a la Justicia, y no se le hará.

25 marzo, 2012

Las cartas al Coronel. mHarta.

Archivado en: Las cartas al Coronel — José Armando Alonso Arenas @ 11:46 pm
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Martha. Martha es una gran mujer,
siempre con gran sonrisa. Martha.
Y aunque Martha a todos lados que yo vaya
me la muestra,
no le diré que sí a Martha.

Martha.

Martha.

Así, Martha, se llama mi vecina.
Martha es una gran mujer.
Es guapa Martha,
y su nombre, Martha,
rima con carta, harta, tarta y pancarta,
y Martha le da ritmo a mis paseos
cuando salgo sin Martha, sino solo,
y me acompaña con el brillo del sol
que representa como Martha
y como todo el día.
Y aunque Martha a todos lados que yo vaya
está dispuesta a estar conmigo,
no le diré que sí a Martha.

Ni porque Martha, ¡oh, Martha!,
que Martha es una gran mujer,
quiere agradarme.
Y me ofrece Martha
su indebida compañía en cada esquina
y se trepa Martha al tubo para que la vea,
y deja que le arranque
las cintitas
que la sujetan,
que la tienen pegadita,
hasta que la bajo.
Y me la llevo, a Martha.
¡Oh, Martha!
Para tirarme a Martha
en el cuarto de basura.
Y aunque Martha a todos lados que yo vaya
me llene la pupila,
no le diré que sí a Martha.

Pero Martha no es una sucia, es reciclable.
Martha es una buena compañera.
Martha tiene presencia en todas partes.
Martha le sonríe a todos los vecinos.
Martha es una gran mujer,
pues su cara, la de Martha,
es mucho mayor que las caras de otras.
En sus pósters.
En la calle.
Ya no me deja solo.
Martha sí está conmigo.
Y aunque Martha a todos lados que yo vaya
me insista en que le diga que sí a Martha,
no le diré que sí a Martha.
No así.
No a Martha.

Martha.

16 marzo, 2012

Las cartas al Coronel. Preparen y apunten.

Me agrada estar informado, pero mantenerme al tanto (como antes) de la cantidad de muertos no ha hecho que cambie nada.

Me imagino, tal vez, que los periódicos amarillistas, una vez que la gente se acostumbre a tanto muerto, comenzarán a publicar que un sexagenario encontró empleo, por ejemplo. ¿Saben? Por puro morbo, por ser extraño. O que Timbiriche al fin se separa. O que Peña Nieto sí escribió su libro. O que la belleza de Elba Esther es natural. Saberlo, no saberlo, cualquier cosa. La verdad que no cambiaría nada.

Lo que sí cambia saber o no saber, por ejemplo, es sobre armas.

Aunque no sea la parte central de su contenido, el Servicio Militar Nacional, que congrega (por obligación, no por amor a la Patria o a condición de saber qué es Patria y que no es Patria, sino por obligación) a miles de jóvenes en el país, incluye, según el sitio en internet de la Sedena, los temas siguientes:

  1. Características del armamento.
  2. Arme y desarme.
  3. Medidas de seguridad elementales del armamento.
  4. Medidas de seguridad en el empleo y manejo del armamento.
  5. Procedimiento para el abastecimiento del arma.
  6. Procedimiento para el desabastecimiento del arma.

En las circunstancias actuales, ¿para qué desearíamos, como país, que más gente sepa alimentar un arma de fuego?

De acuerdo con la misma Sedena, la creación del Servicio Militar Nacional tuvo por fundamento “la situación que prevalecía en Europa a partir de 1939″. Y aunque en 1997, durante la administración de Ernesto Zedillo, ya en un contexto sin guerras mundiales, “se reorientó a que los conscriptos coadyuvarán (sic) con el desarrollo del país aplicando cinco Programas de Benefició (sic) Social (…) [,] a partir del 2006 únicamente se desarrolla el Programa de Adiestramiento Militar”. Pongo a su consideración: después de que en una sola frase tomada del sitio en internet de la Sedena uno tiene que poner dos veces “sic” (indicando que la incorrección no es mía, sino de quien escribió el texto original) y de varias decenas de miles de muertes violentas con arma de fuego desde 2006, ¿no sería más adecuado orientar a la juventud al bienestar del país que familiarizarla con instrumentos para ejercer violencia?

Ojalá en un futuro el servicio militar sea sustituido por servicio comunitario en los barrios de origen de las y los jóvenes que cumplen 18. Pero si no van a aprender a cuidar las plantas del parque por ser quienes las rieguen, o a tener las calles limpias por ser quienes las barran  por un año, al menos no hay que darle herramientas a nadie para que las manche de rojo.

Entiendo que no es el principal problema del país enseñar o no a cargar un arma de fuego, pero cambiar el enfoque primitivo de dicho servicio hacia algo que los haga sentir parte de una sociedad con que comprometerse demostraría que quienes están a cargo sí entienden los verdaderos problemas.

Y a como veo, no entienden.

Citas tomadas de páginas accesibles desde http://www.sedena.gob.mx/index.php/tramites-y-servicios/tramites-smn
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